Mar 4 agosto 2009
Guerra Mundial Z
Hace tiempo que quiero acercarme a Guerra Mundial Z, el best seller de Max Brooks. No se porque, realmente no soy fan de los zombies. Nunca he llegado a ver una película de Romero y tampoco es que me hagan gracia. Sin embargo había algo en este libro que parecía que iba más allá.

Y al final ha sido así. Pese a que algunos intenten encuadrarlo dentro del género de terror, Guerra Mundial Z está mucho más cerca de la ciencia ficción clásica. No por su veracidad, nadie intenta explicar porque existen los zombies ni su viabilidad, sino por lo que hay de especulación y análisis social en sus páginas.
Estamos ante un apocalipse que pilla por sorpresa a la gran parte de la sociedad y nos dará la consecuente era posapocalíptica que no tiene nada que envidiar de Mad Max, Waterworld o Mensajero del futuro… excepto que no se parece en nada.
Brooks aprovecha una epidemia que acaba con más de la mitad de la población mundial y amenazaba con acabar con todos, para hablar de nuestra sociedad, de nuestro conformismo y de las ideas preconcebidas a las que estamos acostumbradas. En las entrevistas que componen toda la novela, hilvanadas una detrás de otra para contar la historia, sin que el entrevistador de su opinión, podemos descubrir héroes y villanos. Pero no héroes y villanos de película, sino los que se pueden esconder en tu puerta de al lado o en el piso 13 de un edificio de oficinas.
Sus personajes son una disección de los políticos a los que sólo les importa las elecciones, empresas farmacéuticas sin escrúpulos, niños acostumbrados a tener todo hecho (independientemente de su edad), ejercito usando tecnología equivocada sólamente porque es el procedimiento, científicos locos por las decisiones necesarias de tomar para salvar al menos parte de la humanidad, políticos comprometidos, líderes de gobierno y de personas…
El autor aprovecha para machacar una sociedad en la que la especialización crea inútiles funcionales en caso de cataclismo, en la que la bonanza económica en la que todo puede pagarse no hace necesario confiar ni confraternizar con el vecino, en los que países despreciados son ahora imprescindibles,… cierto que desde un punto de vista bastante “americano”, pero no por ello exactamente ingenuo.
Me hizo gracia cuando comenté que había leído la novela, alguien me contestó: “Organización, organización, organización…” Porque al final es de lo que va, de como la humanidad recibe el mayor varapalo de su existencia y tiene que reinventarse y organizarse para poder salir adelante.
No estamos ni ante un ensayo ni ante la mejor prosa. Sin embargo el lenguaje de entrevista con distintas personas funciona muy bien y uno tras otro te permiten conocer lo sucedido de forma cronólogica y desde diversos puntos de vista. Es curioso como precisamente esos datos y esa fijación por el detalle concreto lo hace más realista si cabe. Un trasunto de lo que Welles hizo en la versión radiofónica de la Guerra de los Mundos. Que el lenguaje coloquial y el aprovechamiento del medio actúe a su favor.
Parece que la productora de Brad Pitt ha comprado los derechos de la novela y J. Michael Straczynski está preparando el guión. No se que saldrá de ahí, pero creo difícil en el Hollywood actual que consigan plasmar en cine algo tan propio del medio como este libro. No estoy hablando de su calidad, sino de trasladar la verosimilitud y el hiperrealismo al celuloide.
