Mar 2 febrero 2010
Monopolio literario presiona el precio de los ebooks hacia arriba
Si hay algo peligroso en cualquier mercado, es un monopolio. Sin embargo un monopolio no siempre es tan visible como parece.
Nadie parece darse cuenta que las editoriales luchan entre ellas para conseguir a tal o cual autor, pero, por lo general, una vez lo tienen se comportan como un monopolio. Si quieres sus libros, y las grandes editoriales tienen muchísimos títulos, entras por el aro.
En los soportes tradicionales había otros factores que podían hacerlas ceder en diversos puntos, pero el nuevo modelo de distribución electrónica lo ha cambiado todo. Ahora lo importante es tener el título y un acuerdo con Amazon o Apple para vender el libro. Y si quieres mi millón de títulos (no me cuesta nada tener fondo literario), accede a mis condiciones.
Eso ha sufrido Amazon por parte de MacMillan. La enorme editorial americana le ha lanzado un ultimatum: o se sube el precio de sus libros o se pasan a Apple que les pagan lo que dicen. Amazon ha intentado evitarlo pero al final ha caido. Ahora la editorial se espera que mantenga sus libros en ambas plataformas, por lo que ha salido victoriosa, con ambas marcas vendiendo sus libros al precio más alto.
Lo curioso es que parece que no han aprendido absolutamente nada de la guerra contra usuarios en el mercado discográfico. En un mercado donde los costes de impresión y, sobre todo, de fondo de biblioteca y distribución son enormes, el objetivo es seguir vendiendo los libros digitales al mismo precio que los de papel. Si vamos a la web de Amazon para Kindle, los libros tienen un precio de entre 8 y 13$, en algunos más caro que su versión en papel, si pasamos a fijarnos en el interior de la web. Sin duda, más caro que una versión de bolsillo.
Esta tendencia marca un absurdo intento de exprimir al lector más allá de lo que lo venían haciendo. Repercutiendo todo el ahorro en su beneficio, en lugar de repartirlo.
Lo que olvidan es que copiar ebooks es mucho más sencillo que copiar música (los libros pesan menos que un disco) y que no hay métodos alternativos de recaudación. Si no se compra un libro, el autor no cobra. Así de sencillo.
Y en lugar de facilitar la vida al lector e incentivarlo a comprar con unos precios agresivos que no van a menguar su margen comercial, aunque si el de las librerías e imprentas, intentan ordeñar la vaca. Hasta que se les resbale de las manos y no tengan nada que agarrar. Entonces tocarán los impuestos a lectores de ebooks y compañías de banda ancha, que son los culpables de todo.
