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Rebobine por favor

Allá por el mes de agosto me atreví a hablar de una película aun sin estrenar Be Kind, Rewind.

Parecía una comedia  disparatada sobre unos dueños de un videoclub a los que se les magnetizaban todas las cintas VHS y decían grabar sus propias versiones caseras de los títulos más conocidos.

Este fin de semana pude verla y el resultado me ha dejado un buen sabor de boca, pese a no ser nada de lo que prometía.

Y eso es lo más extraño, la película mantiene el argumento comentado, pero se aleja del enfoque más desmadrado o descabellado para dirigirse a un humor cuidado, un homenaje al arte y lenguaje del cine.

Las situaciones son surrealista, con personajes que parecen sacadas de los disparatados sueños de los hermanos Cohen, pero con un enfoque muy personal y tierno. Una comunidad pequeña, un barrio decadente o pueblo americano, en el que van a derribar el viejo edificio del videoclub, que es también la vivienda de su dueño. Éste dejará de encargado a su pupilo para ir a la conmemoración de la muerte de la figura de jazz que vivió en ese edificio: Fats Waller.

A partir de ahí tendrá lugar el accidente conocido, con sus hilarantes resultados. Pero la fuerza de la historia no está en esos geniales cortometrajes que resumen las más conocidas películas, sino en la modificación del espíritu del pueblo que, poco a poco, convertirán esas películas en su ilusión. Una ilusión que les hará revivir por dentro e ilusionarse por las películas y el hecho de hacer películas.

Al final todo el pueblo se convertirá en un inmenso Hollywood (o debería decir Bollywood).

La historia de Fats Waller será también la metáfora que, a lo largo de todo el film, nos guiará por el cambio experimentado por todos los protagonistas. Al fin es realmente la historia que se cuenta. El rodaje del documental de Fats Waller. Porque sin todo lo que ha sucedido, sería imposible que se hubiera llevado a cabo.

No es una obra maestra, pero si puede ser una obra de culto. Es uno de esos mundos de personajes entrañables y peculiares que pueden rayar, y rayan, el absurdo. Como en las creaciones de Kevin Smith o los Cohen, pero con ideas propias.

Tanto Jack Black como Mos Deff o Danny Glover convierten en realidad lo que interpretan. Especialmente Jack Black está demostrando, paso a paso, que su capacidad interpretativa va más allá de las comedias de adolescentes.

Al final la historia es un cuento, una fábula de la ilusión en lo cotidiano del día a día.

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