A menudo, sobre todo cuando hablamos de software, se confunde el término libre con el término gratuito.
Un software es libre cuando no requiere el pago de licencias para su uso. Sobre esta definición hay infinidad de matices, excepciones y condicionantes, pero creo que puede ser suficiente para nuestros objetivos. Pero las licencias no son el único coste de un software.
Un software requiere licencias, requiere adaptación a las necesidades de cada uno, un ordenador sobre el que funcionar, un soporte, etc. Esto es tan cierto para los caso de pago como los libres.
En el caso de los usuarios avanzados, quienes hablan más a menudo de dichas aplicaciones, consideran el coste siempre cero, pues ellos mismos hacen adaptaciones, análisis y desarrollos. Como no tienen en cuenta su propio tiempo dedicado, por supuesto el precio es cero.
¿Invalida esto la decisión de elegir software sin licencias para solucionar un problema? Para nada, soy un total defensor de las licencias copyleft frente a las de pago. En determinadas ocasiones, para determinadas dimensiones de empresas o departamentos, existen herramientas de este tipo que se adaptan mejor a las necesidades del usuario. Sin embargo las empresas proveedoras de servicios informáticos huyen de ellas a menudo. El cliente de a pie suele echar la culpa de ello al beneficio que se consigue de vender licencias, cuando muchas veces la verdadera razón es que un cliente no solamente no valora el software libre, sino que da lugar a enfrentamientos cuando se cobra por su instalación, modificación y adaptación.
Podríamos poner un ejemplo sencillo. Yo podría poner a disposición de todos un taller mecánico totalmente equipado de forma gratuita. ¿Quiere eso decir que se podría arreglar el coche gratis? Indudablemente para aquellos que sepan de mecánica la respuesta es si. Realmente cuesta, pero al no valorar el gasto de tiempo propio (a veces con una eficiencia distinta al de un profesional) el precio es cero, realmente no se hace ningún pago. El resto de los usuarios tendrán que pagar a alguien para que use el taller para arreglarle el coche. El precio será más económico, pues el mecánico no tiene que amortizar el taller y su maquinaria, pero costará la mano de obra. Es más, si tienes un coche especial, supongamos un Ferrari, el coste puede ser mayor porque faltan ciertas herramientas en el taller o porque los mecánicos disponibles no están formados en reparaciones de Ferrari y tardarán mucho más. Además, si vives a 100 kilómetros del taller, el tiempo que tardas en ir y volver, además de estar esperando a que te lo arreglen (o el precio de volver a tu casa en transporte público para esperar los días que se tardará) también puede encarecer el servicio. No toda la metáfora es extrapolable, pero creo que ejemplifica que siempre existen costes derivados.
Por supuesto existe software libre que es gratuito, como cuando descargas un reproductor de video (Video LAN), un cliente de FTP (Filezilla), un navegador (Firefox). Programas de descargar y ejecutar, donde efectivamente no hay costes derivados. Pero no es el caso de las aplicaciones empresariales más complejas.
Desde aquí me gustaría hablar en favor de una concienciación que permita desarrollar soluciones libres en entornos empresariales, habituales cuando se trata de servidores (Sistema Operativo Linux, base de datos MySQL, correo electrónico QMail, servidor web Apache, encriptación SSL,…) pero casi inexistentes en aplicaciones de gestión de la empresa, seguimiento de proyectos, etc. Todos los que toman decisiones, sean por parte de los proveedores o de los clientes, deberían poner algo de su parte para valorar adecuadamente este servicio.