Hay, pobres de nosotros, abandonados por Brian Singer en las garras de otro director.
X-men 3 no es una mala película. Su guión no tiene nada que envidiar a sus predecesoras, con un eterno dilema por parte de los protagonistas sobre integrarse o someter. Utilizar el poder con responsabilidad o aprovecharlo para ser un ser superior. En ese sentido se trata de una película fiel a sus personajes.
Tormenta cobra protagonismo al tomar el mando de la patrulla, lo que ya ocurriera en la serie del comic precisamente tras la saga de Fenix Oscura. Este protagonismo, que a priori parece impuesto por un requerimiento de Halle Berry como condición de renovación, lejos de ser inadecuado imprime un nuevo enfoque al grupo, lejos de la ñoñería de Cíclope y los excesos de Lobezno, aun protagonista de esta tercera entrega, aunque menos.
El argumento entrelaza la adaptación de la saga de Fenix Oscura, menos espectacular que en el comic pero con implicaciones mucho más personales de los personajes que deben definirse a si mismos ante la encarnación de Jean Greay, con una posible cura para la mutación.
Los personajes deben enfrentarse a si mismos para decidir sobre ello y sus relaciones con los demás. En este aspecto, la película satisface y mantiene la continuidad con las anteriores, cerrando perfectamente un ciclo, a modo de trilogía-arco argumental.
Frente a ello nos encontramos con una dirección pobre, en la que lo grandilocuente, el espectáculo por el espectáculo y la tendencia a lo medrolamático sobrepasan la madurez que Synger imprimió a la excelente X-men 2. Un buen argumento se ve viciado, así, de la moda de Hollywood por las peleas en las que no se ven nada, la ostentación de los efectos especiales sin motivo y el más dificil todavía.
Sin entrar en la descripción de escenas, la busqueda del espectáculo empaña la fuerza de la historia que podría haber dado más de si.
Tomese esta crítica como un “que hubiese podido hacer el anterior director con esta historia” más que una censura de una película conseguida pero con altibajos. Con escenas que te quedan en la retina y otras que olvidas antes de terminar los títulos de créditos.
Imprescindible quedarse hasta que terminen los créditos, y un poco más. Hay sorpresa.